Llegó la hora de demostrar que no hay hora, que el tiempo no te espera.
Que sopla el viento y no para de hablar cosas del viento, y no te espera.
Sigue el agua su cauce natural, sigue pasando, se ríe y no te espera.
Y está el fuego quemando el tiempo, el agua al viento, y no te espera.
¡Ay! el presente que intenta decirnos de manera urgente que tampoco espera.
Cuatro pesos de propina.
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