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sábado, 5 de noviembre de 2016

El psicótico vive en el temor del desmoronamiento (del que las diferentes psicosis no serían más que defensas). Pero “el temor clínico al desmoronamiento es el temor a un desmoronamiento que ha sido ya experimentado (primitive agony) (…) y hay momentos en que un paciente tiene necesidad de que se le diga que el desmoronamiento cuyo temor mina su vida ha ocurrido ya”. Lo mismo, al parecer, es válido para la angustia de amor: es el temor de un duelo que ya se ha verificado, desde el origen del amor, desde el momento en que ha sido raptado. Sería necesario que alguien pudiera decirme: “No estés más angustiado, ya lo (a) has perdido”.



Winnicott citado por Barthes en ''Fragmentos de un discurso amoroso'' (1977)

miércoles, 10 de febrero de 2016

...Hay allí un gran enigma del que jamás sabré la clave: ¿por qué deseo a Tal? ¿Por qué lo deseo perdurablemente, lánguidamente? ¿Es todo él lo que deseo (una silueta, una forma, un aire)? ¿O no es sólo más que una parte de su cuerpo? Y, en ese caso, ¿qué es lo que, en ese cuerpo amado, tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, tal vez increíblemente tenue, qué accidente?

Fragmentos de un discurso amoroso.
Roland Barthes.

martes, 9 de febrero de 2016

Estoy preso en un doble discurso del que no puedo salir. Por un lado, me digo: ¿y si el otro, por alguna disposición de su propia estructura, tenía necesidad de mi insistencia? ¿No estaría justificando, entonces, que me abandonara a la expresión literal, al decir lírico de mi "pasión"? ¿El exceso, la locura, no son mi verdad, mi fuerza? ¿Y si esta verdad, esta fuerza, terminaran por impresionar? Pero, por otro lado, me digo: Las señales de esta pasión amenazan con asfixiar al otro. ¿No es precioso ahora, justamente porque lo amo, ocultarle cuánto lo amo? Veo al otro con una doble mirada: a veces lo veo como objeto, a veces como sujeto; vacilo entre la tiranía y la oblación. Me aprisiono a mí mismo en un chantaje: si amo al otro, estoy obligado a querer su bien; pero no puedo entonces más que hacerme mal: trampa: estoy condenado a ser un santo o un monstruo: santo no puedo, monstruo no quiero: por consiguiente, tergiverso: muestro un poco de mi pasión


Fragmento de un discurso amoroso- Roland Barthes.