martes, 4 de julio de 2017

querido profesor

Perdón. No pude estudiar porque tuve otro parcial en la primera semana después de entregadas las consignas. En ese parcial me fue mal, entonces me deprimí un poco. Quise terminar de leer todo y leí ''La mendigas del Ponts des Arts'', y me enamoré. La literatura es ese consuelo hermoso que necesitaba, fue un abrazo con palmaditas incluidas, puesto que el libro abordaba el feminismo muy bien para ser del mil ochocientos y pico. Pero como todo no es hermoso en la vida, tuve que leer crítica. O tuve que martirizarme sabiendo que tenía que leer crítica porque no terminé ningún texto, disculpe la sinceridad. 
La primer consigna, mal que mal, está a medias, y podría terminarla en unas horas. La segunda... se complica. Quiero hablar de la crisis del lenguaje pero no encuentro muy bien a partir de qué hacerlo. La crisis del lenguaje atraviesa mi vida. Eso y la infinitud del mundo. Ahora imagínese, una adolescente traumada por el poder que tiene el lenguaje de articular lo que nosotros percibimos, y luego, súmele un terror inconcebible por la infinitud del mundo y lo efímero de la vida.
No sólo no somos nada en comparación de la inmensidad del universo, lo cual es la parte menos peor, profesor, sino que algún día vamos a morir y yo tuve que exigirme leer crítica literaria para entregar un parcial en fecha para absolutamente nada. Porque, se lo reitero, vamos a morir. Y entonces ¿qué sentido tuvo esto? ¿Para qué me esforcé en hablar de una buena hipótesis acerca de los puntos de acercamiento y de alejamiento entre los cuentos maravillosos de los hermanos Grimm y las novelas cortas de Eichendorff y Hofmannsthal?
¿Para qué intenté argumentar con múltiples palabras asociadas a un discurso universitario si usted y yo sabemos muy bien que el lenguaje es una reducción?
Disculpe, profesor, no pude estudiar.

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