martes, 6 de diciembre de 2016

Pienso que pienso de más. Me invaden reflexiones fugaces y esa velocidad, y esa brevedad me comentan que pienso de más pero de menos. O mucho, pero mal. ¿Existe pensar bien o mal? ¿O es mero pensamiento sin graduación? Una graduación tiene, al menos: es fugaz.
Hoy, por ejemplo, pensé que soy feliz y soy triste y soy con poco. Pero me quedo en la tristeza, porque es donde encuentro una fuente propicia para sacar algo de mí, y siempre quiero sacar algo de mí, como si me gustara despedazarme, o como si buscara barrer algo para admitir algo nuevo (pensamientos, sentimientos, aunque éstos sean una confluencia y no sepa ni qué siento ni qué pienso ni qué es cada categoría).
En realidad no pensé todo eso, ni de esa forma, pero fue algo así. Comparé mi felicidad y mi tristeza con la de mi mamá, entonces me di cuenta que soy con poco, que lloro leyendo un blog de una chica que se expresa como nunca voy a lograr hacerlo: lloro con poco. No sé con qué llora mi mamá, no sé cuándo se enoja, pero es con mucho. Y acá hablo de gravedad.
Más tarde, vi una lapicera linda, y me puse contenta. Ahí descubrí que soy feliz con poco. Y que mi mamá, probablemente, no lo sé, creo que no se pondría contenta con una lapicera linda.

Mis pensamientos son fugaces, porque soy con poco.
Y aquí estoy, pensando en el alma que piensa, y por pensar no es alma. Creo que le pasó a Charly alguna vez.

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