jueves, 15 de diciembre de 2016

''-[...]Es como un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nasa raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se quedó ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos.Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir así. No creas que me olvidaba de la hipoteca y la religión eran como el traje que uno no tiene puesto; yo sé que el traje está en el ropero, pero a mí no vas a decirme que en ese momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la religión existían cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colgándole a mechones y se quejaba de que yo le rompía las orejas con esa -música-del-diablo.''


''El perseguidor'' en ''Las armas secretas'', Julio Cortázar (1959)

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