miércoles, 12 de agosto de 2015

me está por venir

Estoy sensible. Muy. Desde las 11 que estoy pensando pelotudeces, una hora y media comiéndome la cabeza.
No quiero nada y quiero todo. Soy muy hippie desligada de lo superficial y material o necesito todo lo que se pueda comprar y llegar a estar lo más buena posible. Mi cabeza siempre fue un lugar desorganizado, y no es como mi habitación que pasa de ser un caos a un lugar lindo, mi cabeza siempre está maquinando.
Ahora se le dio por querer enamorarse, pero no hay nadie en la faz de la tierra capaz quererme como quiero, capaz, al igual que Morrissey, soy unloveable. O capaz me quisieron o estaban a punto y yo no quise, pero eso es injusticia, flechame con el que me gusta y al que gusta de mí flechalo con otra que guste de él. Qué mala puntería andás teniendo Cupido. Me deprime querer enamorarme, casarme, vivir cosas que no viví con nadie. No tengo ganas de que me quieran coger, o sí, en realidad sí, pero quiero una persona que más que coger, me quiera.
Me presiono mucho y no sirve de nada, a la corta me agoto y tiro todo a la mierda. Ya no leo ni escribo y me da bronca. No estoy siendo nadie.
John Lennon me dijo (aunque supe filosofarlo antes) que la vida no se trata de una media naranja. Y te juro que lo sé, y quiero llevarlo a la práctica pero no puedo. Me siento Montaner o Luis Miguel o Luis Fonsi, no sé, ¿por qué estoy hablando tanto de esto?
Agosto de 2015. Me cago de risa porque se pasó volando, y me cago de risa porque allá por los últimos días de diciembre del 2014 pensaba que el año que estaba por venir tal vez me llenaba de sorpresas. Risas. Lo mismo me pasó todos los diciembres a partir del 2010.
Me gustaría castigarme menos, u organizarme más. 

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