viernes, 22 de mayo de 2015

oscuro

Desaparecer. no estar, no existir.
De repente idealizo no ser nada, no sentir, no ver, no tocar, no escuchar, no hablar, no oler. No ser masa, no ser aire, no vivir.
Y por un momento, por unos segundos, quizás lo logro. Bajo el agua de la ducha, llorando, mirando un punto fijo sin ver, nada me toca, todo me hiere. Me da fobia que la vida cambie, siga cambiando, y esos cambios sigan trayendo malas noticias, destrucción. 
Prefiero lo primero, dejar la tierra, el cosmos, lo que sea, dejar la esencia, todo lo que soy, elijo eso antes que el cambio. Y aunque haya mínimas probabilidades de un cambio positivo, hoy no lo quiero, hoy tengo terror. 
¿Cómo sigo? ¿A quién le rezo? ¿En quién creo cuando dejo de creer en mí? Cómo le ruego a la ley de gravedad que me levante una vez más, cómo le pido a lo que no conozco que pare con el todo. ¿Cómo finjo que todo está bien? ¿Cómo borro esta vergüenza? ¿Cómo evito todo lo que me carcome adentro, en el pecho, en la garganta, en la cabeza? ¿Cómo sano esta vez? ¿Dónde encuentro el pegamento para unir mis piezas y dejar, de una vez por todas, de romperme? ¿Dónde encuentro agua en medio de esta sequía? ¿Cómo enfrento al tiempo y a las circunstancias? ¿Cómo aplico mis conclusiones teóricas a mi vida práctica? ¿Cómo dejo de pensar en todo esto?

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