lunes, 25 de mayo de 2015

no hay perdón

Mi día transcurre normal, un poco triste, un poco apagado, pero normal. De repente me acuerdo de algo y me saltan las lágrimas, no estoy sensible, estoy herida. No es hormonal, no es inducido, no es ganas de llorar o de estar triste, porque verdaderamente le quiero huir a esta pena, pero no puedo, es tan real, tan empírico que me da bronca.
Me dan bronca muchas cosas, las quiero volcar acá y mi poder de redacción me empieza a traicionar. Dale, Mayra, escribí todo lo que pensás en el día, en la ducha, cuando te cambiás.
Estoy enojada y quiero decírtelo, aunque ya lo sepas, quiero enumerarte los motivos, quiero que te sientas el hijo de puta que sos. El tema no es que no te guste, no me enojo porque no sea lo suficientemente hermosa para vos, lo cual me es bastante irrelevante, me enojo por tu hipocresía, por mentirme así.
Si no te gusté de entrada ¿por qué mentiste tanto? ¿por qué seguiste mintiendo después de rebalsar mentira? ¿qué querías?
Saco diferentes conclusiones, quizás querías darle fuerza a tu ego o no lastimar el mío, pero el mío, te juro, antes de vos estaba bien. Lo primero que no te perdono es eso, tu mentira, no te perdono que no hayas frenado en ese momento, no te perdono haberme usado para un rato de placer si de verdad no te gustaba, y eso lleva a lo peor de todo esto: no me puedo perdonar a mí misma. Esa sensación de ultraje, de suciedad que me queda, me doy asco por lo ingenua que fui, me da asco acordarme de vos y de tu perfecta actuación, me da asco revivir escenas. Me da impotencia no poder decirte todo esto, me da ira tu papel de piola, me lastima esperar un mensaje tuyo disculpándote, arrepintiéndote, ¡no sé! Espero ese mensaje, lo espero para constestarte como el orto y que me claves visto, lo espero para desquitarme, para aliviar un poco todo esto que no se va ni con las lágrimas.
No me perdono haber retrocedido tanto con vos, todo lo que construí, con el tiempo, pensando, repensando, concluyendo, leyendo, gran parte de eso se esfumó, me sacaste la seguridad en mí, no sólo en un aspecto físico, también en uno moral, dejé que hicieras lo que querías, te complací como una boludita, y me cabió. No te imaginás el dolor que siento. Yo, la pibita feminista, la que está en contra del uso y ultraje a la mujer, yo caí en eso. No me lo puedo perdonar, no te lo puedo perdonar.
Tampoco me perdono que todo esto me haya hecho tan mal y vos estés ahí, rascándote las bolas, feliz de la vida. Yo no soy menos que vos, aunque ahora, en estos días, me esté costando entenderlo.
Estoy seriamente afectada, no sé cómo levantarme. Lo intento y no puedo. Estoy dejando morir algunas luces que llevo adentro, estoy desaprendiendo. No me lo perdono, y no te lo perdono.

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