miércoles, 4 de febrero de 2015

vergüenza es sentir

Era una madrugada de enero cualquiera, pero calurosa. Faltaban 4 minutos para que el reloj marque las dos y Paula recibe un mensaje. El remitente era Santiago, un pibe con el que estuvo hace unos cuantos meses, con el que volvió a hablar poco y nada, es decir: cuando estaban calientes.
Todo era casual, ninguno (apararentemente) sentía ganas de crear un lazo más fuerte. ¿Cobardía o desinterés? Ni siquiera ellos mismos lo sabían, estoy seguro.
En el mensaje el le preguntaba qué hacía, y después de realizado el preámbulo, esa intro en la que hablás como un gil porque hablar es una excusa para llegar a lo que realmente importa: el sexo, ella lo invitó a la casa, esa misma madrugada, aprovechando que los padres estaban en Mar del Plata de vacaciones.
''¿No sería todo más simple si existiera una señal que le avisara al otro por un medio mental que tiene ganas de coger?'' pensaba Paula. El tema del preámbulo le daba mucha paja.
El timbre sonó a las 2:48. Pasó lo que tenía que pasar.
Paula se vestía y pensaba en el sexo mediocre que acababa de tener, que siempre tenía con Santiago, pensaba en la parte egoísta de los hombres, y en lo pendientes que siempre están de su propio orgasmo. Pensaba en los detalles, en las torpezas, y en que tenía sueño. Prendió el ventilador y se dispuso a dormir.
Él se vestía y pensaba en que al fin descargó esas energías que lo andaban molestando, por fin mató esa abstinencia que lo tenía alterado, esas ganas atroces de verla. A las 4:53 se despidió Pablo y volvió a su casa.
Volvió caminando, volvió pensando. Él era el fuerte, él era el hombre. ¿Qué le pasaba a ella que no le interesaba nada? ¿Por qué tanta libertad? ¿No se supone que los roles son al revés?  ¿No debería ser él quien se vaya a dormir tranquilo y sin pensar después de un encuentro así? ¿No debería ser él quien se cague de risa si llega un mensaje inesperado en el que ella declara su amor por él, y a él le chupa un huevo?
Estaba perdido, se le iban aclarando los pensamientos, los sentimientos. Las ganas atroces que sintió tenían un por qué, y más precisamente por quién. Sintió vergüenza de lo que le pasaba, sintió vergüenza de sentir algo, algo parecido al cariño, ¿algo parecido al amor?
Se despertó Paula a las 12:18 y agarró el celular. Otro mensaje de Santiago, ésta vez una declaración de amor. Ella no se cagó de risa, pero sí le chupó un huevo.

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