domingo, 21 de diciembre de 2014

sobremesa familiar

Esto lo escribo más que nada para archivarlo, lo escribo para dejar constancia. Lo hago como ayuda para recordar, como un favor a la memoria, la cual está lejos de ser maravillosa, ni siquiera es selectiva y la capacidad de conservar escenas es casi nula.
Quiero registrar lo mágicas que son las sobremesas que se dan en mi familia. Es el ritual que más disfruto aunque me limite a opinar poco. Los debates después de comer, las discusiones de historia, política, familia, valores, sociedad, música, etc.
Que un domingo tenga que googlear sobre el mandato de Uriburu, que mi hermano y mi papá se peleen porque uno considera a Palito Ortega un chorro y el otro lo defiende alegando que es música para divertirse. Cuando nos juntamos con mis tíos inevitablemente se hable de Perón, con energía, entre risas y vino, o de Cristina y de Néstor. Que me hagan llorar si hablan de la familia y no pueda parar si nombran a los que ya no están, Chola (mi abuela paterna) y el Tata (mi abuelo materno).

Si soy sincera, la verdad es que casi nunca escucho con atención, soy una persona muy colgada y desinteresada sobre muchos temas que se debaten comunmente, vivo en mi nube, pero no es el caso de las sobremesas familiares que me atraen tanto, las siento especiales y nunca pierdo el hilo. Me enseñan mucho más que lo que me podría enseñar una clase de educación cívica o sociedad y estado, aprendo con más gusto. 
Yo no sé cómo serán sus mesas familiares, pero las mías son mejores.

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