lunes, 1 de diciembre de 2014

justificándome sin necesidad

En este preciso momento estaría bueno que me hables. No porque siga embobada con vos, no porque sienta que te necesito, que te extraño, que te... quiero.
Iba a empezar con el preámbulo de todo lo que te quise, pero este blog tiene las evidencias, así que paso a lo que hoy me concierne.
Estaría bueno que me hables, porque bien sé que yo no lo haría, no soy capaz porque te conozco, y puedo imaginar tu sonrisa irónica al ver un mensaje mío, diciendo ''gané, otra vez, esta boluda no me va a superar nunca más, soy un crack''. No, hablarte no es una opción. Pero admito que me gustaría ver un mensaje tuyo, no buscando amor, sino un debate. Eso necesito de vos: un debate. No puedo iniciar conversaciones muy profundas con las personas que conozco, y vos eras una salvación para eso, te sentía compatible intelectualmente, o no sé... Ni muy muy, ni tan tan. Pero estabas abierto a mis planteos sobre la existencia en general, y yo a los tuyos, estaba bueno.
Por eso es que hoy me agradaría que me hablaras, y no por tu afecto, que lo guardé en un baúl cuando desperté de un sueño que en su momento se tornó en pesadilla.
Ya está, no te voy a hablar, no me vas a hablar, y todo va a seguir igual. Quizás sigas creyendo en que tenés atrapada a esta boluda que no da señales de vida, sin razón alguna, y en esto soy sincera, porque conmigo y con mi blog (que mi blog vendría a ser yo también) soy absolutamente sincera, pero no, ya me sané de esa enfermedad que tiene tu nombre, o al amor, como título. Al fin y al cabo, puedo seguir debatiendo conmigo misma, y al mismo tiempo enorgullecerme de mí.

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