jueves, 19 de junio de 2014

sinceridad que duele exteriorizar.

Quiero ordenar mis pensamientos y no puedo. Siento que me atacan distintas cosas. Me siento apuntada por muchas flechas que quieren ser lanzadas. Lo triste de sentir esto es haber dado por sentado que lo había superado, no superé nada. Las cosas que nos joden viven en nuestro inconsciente, pueden estar dormidas, podemos pensar que ya se fueron, que no nos van a atormentar más, pero en un momento de debilidad reaparecen y eso genera mucho miedo. No quiero volver a ser la de antes. Quiero volver a ser la de antes.
Enfermedades que nunca se curan, no tienen fin, problemas que persisten y que parecen que te van a acompañar toda tu vida, tu cabeza que no para hasta que el miedo domina por completo tu cuerpo. Pequeñas cosas hacen evidente que caíste otra vez. Te quedás mirando fotos de pibas perfectas sintiéndote una mierda, porque cuando te ves al espejo no te gusta nada, nada, nada, y por más de que te enfermes y que comas dos tomates por día, a la larga se te cae el pelo, y el espejo te sigue reflejando lo que quiere, y tu corazón sigue con un tinte gris que no se quita, y cada vez se acerca más al negro. Comés y después te persigue la idea de que fue mucho, muchas calorías, que por qué comiste eso, que mañana solamente van a ser 500 calorías en todo el día. Lo tenés bien escondido, inclusive vos pensabas que esto ya no estaba más, pero lo necesitás, lo querés y no lo querés, pero lo necesitás mucho.

Lo peor de todo esto es que hay cosas que por más empeño que pongas no van a cambiar. 

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