sábado, 8 de febrero de 2014

Una historia de pelotudos e hijos de puta.

Érase una vez, en un pueblito no tan lejano, donde los habitantes se clasificaban entre pelotudos e hijos de puta, estalló una verdad revolucionaria. Según tengo entendido, las descripciones de estos habitantes eran así:
Pelotudos: gente que solía equivocarse, pero al parecer, tenían buen corazón. Casi siempre eran enamoradizos, bonachones, amables, ingenuos, dóciles, ilusos, en sí, eran pelotudos.
Hijos de puta: aquí la gente se subdividía entre los hijos de puta amateurs, quienes se ambicionaban en ser el centro de atención, les gustaba manipular pelotudos, utilizarlos para muchas clases de experimentos un poco cínicos y retorcidos, les gustaba enamorar pero no enamorarse, sentían placer afirmando su superioridad, casi nunca sufrían, casi nunca les daba culpa sus maniobras un tanto desalmadas. Por otro lado, estaban los hijos de puta profesionales, ellos eran quienes mataban, robaban, violaban, estafaban personas. Pasaban por alto a todos, no tenían preferencia entre hijos de puta amateurs o pelotudos, para ellos en este pueblo todos eran presas. Pero no hablaré de ellos, me voy a centrar en la historia con los amateurs.
Olvidé decir que cada uno de estos grupos tenían un sindicato en el que debatían ideas.
Generalmente, la vida transitaba un poco desconcertante, las damas pelotudas no sabían qué hacer, casi siempre les atraían los hijos de puta, evitando algunas que no fueron pocas excepciones en donde pelotuda y pelotudo vivían felices para siempre.
A su vez, las madres pelotudas, querían para sus hijas ''lo mejor'', es decir, lo mejor para ellas, un futuro estable, o más que estable, con una casa de dimensiones preferentemente excesivas, y esto se conectaba directamente con un hijo de puta. Ojo, a ellos, a los hijos de puta, sí que le gustaban las pelotudas, y así pudieron celebrarse muchos casamientos entre ellos. El hijo podía salir pelotudo, o hijo de puta, según el caso.
A los pelotudos les podían atraer, gustar las hijas de puta, pero las veían inalcanzables, aunque existieron casos anormales en los que celebraron matrimonio entre ellos.
La vida era esto en cuestiones del amor.
Un día, una pelotuda llamada Clara, enamorada  y en pareja con un hijo de puta, se cansó de él, y de su forma ególatra de ser. Fue al sindicato de pelotudos y con los ojos vidriosos intentó explicar una teoría que les costaría entender. Clara planteó una disyuntiva:
-Hace un tiempo -dijo- creía que había nacido deforme. Durante mi relación con Juan (hijo de puta), pude descubrir en mí pequeñas acciones de hija de puta.
Se escuchó el sonido del silencio, se pudieron ver las caras asombradas de todos.
-¡Llamen a un médico inmediatamente! -exclamó un sindical.
-Primero déjeme terminar -rogó Clara- quizás les interese. Resulta que sí, que tengo actitudes de hija de puta, pero sospecho que todos nosotros los tenemos.
-¡Por favor está enloqueciendo! -gritó uno de los pelotudos- ¡Hagan algo!
Y los otros pelotudos, ansiosos por conocer la historia lo callaron.
-Bueno, sí, aunque esto parezca extraño. -siguió Clarita- Creo que los que están en pareja con hijos de puta pueden entenderme mejor. Muchas veces no puedo sólo pensar cosas buenas, a veces pongo mi bienestar por delante del de los demás, a veces me enojo por nada, a veces soy hiriente con Juan, otras siento dentro mío una tensión innecesaria. Cuando me siento insegura en mi pareja, y en otros ámbitos de la vida, suele exteriorizarme mi lado hijo de puta. Es decir, si esto no les sucede a ustedes, creo que nací con alguna irregularidad.
Se miraron entre todos, sabiendo dentro de ellos mismos que la chica tenía razón, Clara estaba planteando algo que todos sabían, pero trataban de posponer la verdad. Un valiente, un pelotudo muy fuerte pudo ser el primero en darle la razón a esa mujer envuelta en lágrimas.
-No llores -le pidió- todos sabemos que es verdad. Que somos buenos, pero a veces nos cansa tanta injusticia, y nuestro pensamiento se torna hijo de puta. Tranquila, era hora de que se sepa la verdad.
Así, fueron revelando todos y cada uno de ellos que tenía actitudes con cierta maldad.
Esto generó un gran revuelo en el pueblo, los diarios no podían hablar de otra cosa que no sea el gen hijo de puta que afecta en pequeñas y medianas medidas al pelotudo.
A la semana siguiente, cuando el escándalo se había atenuado, una tapa de un periódico declaraba algo que iba a cambiar para siempre la historia de todos, algo que brindaba ilusión al pueblo: ''Hijos de puta confiesan que poseen sentimientos de pelotudos, generalmente al enamorarse.''

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