lunes, 30 de diciembre de 2013

Ni bien, ni mal, y a mi que siempre me gustaron los extremos.

No me resulta tan penoso aceptar que nadie es verdaderamente quien quiero que sea. Si me decepciona, la veo venir, no es que haya entendido que todos somos seres errantes, creo que no es eso y que inconscientemente sigo buscando a esa perfección que probablemente nunca llegue. En fin, lo importante es que dejé de sensibilizarme si una persona no era lo que demostraba, si me daba cuenta de su disfraz, no sé si está bueno o no, pero no sufro... aunque tampoco siento soles en mi interior.

Aunque quizás siento mucho, por demás, demasiado, y eso genere la sensación de no sentir. Saturada de sentimientos. 

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