domingo, 17 de noviembre de 2013

Inocencia de tortolita o ceguera de pelotuda.

De alguna manera él goza viéndome sufrir por su amor. No quiero analizarlo tanto, pero creo que durante este tiempo lo analicé tan poco que nunca me di cuenta qué tan cínico podía llegar a ser.
Si no me querés, dejame, soltame, y no vuelvas. Si volvés, no actúes como un nene de 12 años queriéndome dar celos. Creo que tiene un problema con su autoestima, y yo con el mío. Él aumenta su ego conmigo y mi manera de quererlo, el mío disminuye a medida que me usa. ¿Tanto odio podés tener? Si parece ayer cuando nos queríamos tanto. Nada va volver a ser igual, nunca, y por alguna razón no puedo poner punto final a todo. Esta vez intento estar decidida, dejar todo atrás de una vez por todas. Olvidarte. Superarte.
La realidad me pega unos cuantos martillazos en la cabeza, me hace llorar al darme cuenta que fui la peor ciega que nunca quiso ver. Espero que sea lo último que tenga que sufrir por una persona así. Espero quererme un poco más desde ahora. Espero no repetir la historia.

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