martes, 30 de abril de 2013

Estoy triste, estoy estoy estoy triste triste triste.

Estoy triste. Es una frase que retumba en mi cabeza. Me pone peor, y consigue hacer brotar un par de lágrimas. Estoy triste. Y es por muchas cosas.
Estoy triste y tengo 16 años. No se supone que debería estar triste. Se supone que en el caso en que lo esté mis papás se darían cuenta y actuarían de una manera correctamente psicológica, no empeorarían las cosas. Se me hace muy difícil desdibujar las figuras materna y paterna como héreos. Supongo que al igual que el príncipe azul o la importancia de lo superficial, el idealizar a los padres como a un Dios también viene de los medios. Me cuesta verlos como humanos, como seres errantes. No soporto sus equivocaciones, no soporto sus dudas, ellos tienen que ser perfecto. Yo no, yo todavía no, porque voy a encarnar ese papel complicado de persona que todo lo sabe, todo lo puede, cuando yo tenga hijos. Me va costar, pero cada día me lo propongo más.

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