jueves, 19 de julio de 2012

Adicta.

Me alejé de todo. Me convertí en lo que siempre temí. Y... ¿a quién puedo reclamarle qué? La débil de la historia soy yo. Hace días que sobrevivir me ocasiona demasiado desgaste mental. No estoy sintiendo nada agradable. No hay motivos para sonreír. No tengo ilusiones. Simplemente estoy gris y nadie se dispone a tratar de que me sienta de otra manera. Tampoco espero que lo hagan, entendí cómo se maneja la mayoría de la gente y no estoy a la altura de las circunstancias para nadie. Pasándolo en blanco, no soy buena ni para  mí misma. Un infierno. De verdad. Ya no existe la tranquilidad y cada vez el miedo crece y crece. Miedo a fracasar. Miedo a que me decepcionen. Miedo a cagarle la vida a la gente. Por eso me aíslo, porque nadie es vidente y sabe cómo me siento, por qué me siento tan mal. Todos juzgan... pero eso ya no es un problema para mí. Poco a poco todo va dejando de importarme, y poco a poco todo va dejando de dolerme, voy suplantando todos mis afectos, todos mis logros, todas mis tristezas por miedo ¿estaré muriendo en vida?
¡Cuidado con la tristeza!  Puede ser adictiva. 

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