viernes, 20 de abril de 2012

Sí, no, tal vez.


Parece que la vida se burló de mí, sonrió y dijo algo así como <<¡te creíste muy espiritual! Debo decirte que la tranquilidad no es lo tuyo... Me temo que nunca lo será, perdón.>> Y se encargó, con cierta malicia, de despedazar los momentos de entusiasmo que me prometió... Porque vale aclarar que fue una ilusión, nunca me lo dio, quizás hasta creí por un momento que el cosmos quería obsequiarme esa felicidad, tal vez hasta llegué a pensar que la tenía frente a mí, que incluso la podía rozar. 
 
Mi decadencia le apuñala fuertemente a mi ego. Mi orgullo, hasta ahora fue sinónimo de arrogancia y a la vez de grandeza, pero ese concepto fue derribado. Fue mi desición creer en mí, sin tener que acariciar la soberbia. ¡Me atrevo a decir que hoy perdono! Soy capaz de disculpar. Algo que me gusta por estos días, y debo mencionarlo es que ''hago lo que quiero'' -algo valorable que algo de mí me agrade-. Mi cuerpo, mi alma, y mi cabeza nunca encuentran un punto donde poder conectarse, pero últimamente, el alma reacciona de una manera similar a la cabeza, y el cuerpo le sigue respetando las órdenes. Puedo decirte si quiero que no pienso igual, que no me gusta lo tuyo, e inclusive que ¡me gusta! Puedo decir fuerte y claro ''sí, no, y tal vez''.
Sin embargo el desconsuelo siempre se presenta por las tardes, es estresante vivir sin autoestima, con una que no sabés cuándo va aparecer. ¡Es incómodo! Soy propensa a la utilización de la gente para sus ''juegos personales'', me cuesta poco confiar, y la decepción es enorme. Los efectos que causa en mí estos capítulos son un tanto desagradable, porque definitívamente mi hipersencibilidad es asquerosa. Siempre es igual. Causa: Debilidad. Hecho: Ilusión y desilución. Consecuencia: Depresión. Es un círculo vicioso, y si le añadimos algún que otro problema anímico previo tenemos de resultado una persona repugnante, y me atrevería a decir dañiña -para sí misma y para el ambiente que la rodea-.  

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