sábado, 25 de diciembre de 2010


Porque con él sentí dolor, porque con él sentí la agonía de no tenerlo conmigo, porque con él sé que los pañuelos en el escritorio y en el piso es cosa de todos los días, porque con él dejé caer mi cabeza al teclado llorando, ahogándome entre teclas y un ruido me hizo despertar. Por eso, hoy no lo quiero, o al menos intento no hacerlo.

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