martes, 28 de septiembre de 2010

Una palabra.

De nada sirve abrir una palabra y vaciar por ella lo más duro, lo más incomprensible, si no tienes fuerzas para cerrarla cuando llega la hora sin minutos del silencio, cuando todo es espejo de tu solo suspiro helado, voz que nadie toma entre sus labios para convertirla de nuevo en tu palabra y en la suya.



María Sanz.

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