domingo, 19 de septiembre de 2010


Es difícil escribirte sin llorar, y más todavía en este momento. Pero voy a tener que intentarlo.

No es nada fácil para mí este momento, sé que varias veces insinué una partida absurda, pero verdaderamente hoy me marcho de tu vida y es para siempre. Hoy no es hay más cuentos infantiles que me hagan creer en el amor perfecto.

Te voy a agradecer toda mi vida por cada segundo de felicidad y de dolor que causaste en mí.

No quiero defraudarte, no puedo tampoco, pero... espero que nunca hayas creído que dejaría mi dignidad por solo una palabra, aunque admito que aunque sea tan solo una letra que se desprenda de tu boca para mí hubiese sido la gloria. Te entiendo, te juro que te entiendo y no me atrevo a ni un poco, es que... yo me pongo en tu lugar y francamente no valgo la pena.

Dejame, dentro de poco todo el dolor será vapor, y mis fuerzas revivirán, porque eso me hace falta, levantarme y clavar la bandera en la punta de la montaña.

Ya viví lo más hermoso, ya reconozco el rostro del amor, tu rostro. Ese rostro que pudo con cada partícula de mi cuerpo, con el que me me debilité y caí, pero aprendí a ser fuerte.

Te suelto la mano, aprendiendo a dar mis primeros pasos sin involucrarme en tu vida, queriendo ser fuerte y caminar sin necesidad de ver tu foto en el monitor y es que no puedo, te quise tanto.

Lloré, no cumplí con mis expectativas pero paciencia, no es fácil tragarme los sentidos de repente, regalarle los besos que no fueron a otra persona. Chau.

No hay comentarios:

Publicar un comentario