sábado, 26 de junio de 2010

¿Me entendès?


¿Me entendés? es la única, o la pregunta más importante, la primera que te haría. Aunque sé que no entendés nada, tal vez responderías que si, pero que eso no cambia nada tu desición que marcharte está escrito en el libro del destino y que dejarme sola y un poco muerta también. Si pudiera hablarte te diría que de una vez y para siempre madures, que no soporto más la espera de tu madurez. Si pudiera gritarte seguro te aturdiría diciéndote que sos un pobre invécil, que a pesar de que yo no sea tu princesa empieces a sentir un poco y te juegues aunque sea por vos mismo. Pero en fin, nada de eso puedo hacer así que me quedo, otra vez, llorando en mis silencios y rogándote en mis sueños que te des vuelta, me mires fijo a los ojos y cumplas con mis expectativas, que me jures que vamos a ser uno y eso nunca va a cambiar. Me resta rezar, a las dioses que desconozco, me queda insinuar que quedan esperanzas vivas ahí en lo más profundo del corazón, me falta pactar con satanás un simple trato de obseción. Pero... en nada creo, no me interesa ni rezar, ni insinuar, ni pactar, esas cosas conmigo no sirven, esas cosas en definitiva son de cobardes. Así que de ahora en más lo único que resta es seguir luchando, es seguir dándote lo mejor de mí aunque a veces me lo hagas tan imposible.

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