domingo, 22 de octubre de 2017

voy a escribir sobre vos.

Porque ya es demasiado que ante tu mal humor nos tengamos que abstener de decir nada, que tengamos que acomodarnos al ambiente incómodo y actuar como si en serio, como si de verdad, el mundo girara alrededor tuyo.
Por eso voy a escribir de vos, porque no pienso hacer la elipsis acá. Porque estoy cansada, enojada y triste. Porque mi bronca aumenta y si no lo puedo decir a gritos por lo menos lo escribo entre lágrimas. Asumiendo el coraje que significa llorar, y que después me vean con la cara roja. Es que en este punto me rebelé. Harta de no llorar y entonces tener dobles ganas de llorar: por lo que está pasando y porque no puedo llorar.
Como si fuera poco, como si fuese un detalle, que de hecho lo es, pero... un detalle importante, al menos para mí, hoy es mi cumpleaños y yo me libero un poquito al menos escribiendo mientras escucho comentarios mal intencionados, que buscan la pelea cuando, como ya lo dije, todos nos estamos acomodando a vos, para que no sea peor. Y me imagino que puede ser peor. Pero por qué no podría ser mejor-

viernes, 1 de septiembre de 2017

fuerzas influeyentes
que provienen de la conciencia
o qué sé yo

voces que dialogan
y se cansan
y entonces quedan
en la nada

y la razón
que te avisa
pero las fuerzas
no se dejan opacar

viernes, 4 de agosto de 2017

Hoy me duele la concatenación de hechos, gestos y actitudes que avalan que una mujer pierda la vida, así como si nada, en manos de un hombre.
Hoy me dejo de abstraer para reafirmar que pueden cuando quieran hacer lo que quieran conmigo.
Por eso me duele que hables de mi ropa y las acuses de provocativas. Por eso me enoja que creas que no es mi lugar la calle de noche y que tendría que quedarme para siempre en mi casa cocinando y cuidando a los chicos. Que si actúo como se me dé la gana, los chicos no me van a tomar en serio. Y que esos chicos no me tomen en serio porque alguna vez le dijeron que determinadas mujer no merecen respeto.
Igual, si no actúo como me dé la gana, es lo mismo. El temor al salir a la calle, caminar y que pase un auto lentamente por al lado. Caminar las tres cuadras sola hasta mi casa. En pleno día. Las cinco hasta llegar a la facultad, a cualquier horario.

Te truncaron los sueños, compañera. Te arrebataron la vida. Tus últimas horas, un calvario. No hay justicia que valga. La impotencia me come y no es fácil combatirla. Todo sigue igual.

Me da bronca tener que pensar ¿a qué hora termina la marcha mañana? Me da bronca el miedo anticipado a volver sola, me da ira depender de que me vayan a buscar.


viernes, 7 de julio de 2017

recuerdos

A veces la memoria me traiciona, en esos momentos puedo no acordarme que una noche viniste a casa de sorpresa sólo para dormir menos de 5 horas y darme los regalos de nuestro cumplemes que no íbamos a poder festejar. Otra vez hablaste como marciano en la cama y nos reímos mucho. Un día me me escribiste una cartita con corazones de papel de colores recortados y supuerpuestos diciendo en cada uno de ellos algo que amabas de mí.
Un día, después de haber peleado, viniste a casa con fotos y la frase que nos adueñamos de Carl Sang.
Muchas, muchísimas veces pusimos películas y documentales y nos quedamos dormidos. Tomamos infinitos mates entre risas. Nos despertamos cantando, el cuarteto de nos Charly García, babasónicos. 
Me tocaste tus canciones. Me aprendí tus canciones. Se me pegaron tus canciones y las canté caminando.
Giraste el escritorio para estudiar viéndome dormir y me despertaste a besos. Te leí. Volviste a cantar.
Inventamos un juego para no aburrirnos en los colectivos, yo te digo una palabra, vos cantás un fragmento de alguna canción que use esa palabra.
Me contaste cosas de esas que no se desatan con cualquiera y me animé a contarte sobre esas cosas yo también.
Me viste llorar, pelearme con familiares defendiendo el feminismo. Te vi llorar yo también.
Ordenamos mi habitación juntos, limpiamos la caca de Copito. Te presté pijamas, me prestaste mil cosas.
Estudiamos juntos y cuando nos salen bien los ejercicios saltamos repitiendo ¡diez! ¡Diez! ¡Diez!
Nos cepillamos los dientes juntos. Peleamos por quién tiene la gata más linda. Me mostraste tu música, te mostré la mía.
Te recité un poema, y no saliste corriendo. Te explicaba lo que había estudiado el día anterior en un bondi, yendo a rendir. La gente nos miraba.
Te tejí una bufanda despareja. Nos abrazamos en el recital de él mató, bailamos en el festival nuestro.
Tocaste el piano en casa, tocaste el piano en una estación. Me acompañaste a marchar el 24 de marzo, también para decir no al 2x1 y al ni una menos.
No tuviste problema en ir a ver una muestra de Borges en la Biblioteca Nacional, te reíste cuando un cartelito en la puerta nos decía que justo ese día la biblioteca estaba cerrada. Fuimos al cck y estaba también cerrado, entonces caminamos por la ciudad con 34 grados asesinos, y llegamos al Parque Lezama y un tipo casi sabiendo que esa canción era especial para nosotros tocó aprendizaje de Sui Generis. Entonces me besaste la cabeza porque son de esas situaciones mágicas. Sí, la arruiné un poco diciéndote que mi pelo seguro estaba salado, perdón.
Nos acostamos entre almohadones en el piso y abrazados vimos un documental que se proyectaba al lado del Rosedal. Me dijiste que no entre a chequear si me había llegado el mail que me ponía nerviosa, que lo íbamos a hacer juntos, acompañados.
Hasta te fumaste mis delirios sobre la infinitud del mundo y la reducción que supone el lenguaje.
Sé que hicimos millones de cosas más, cosas que me voy a ir acordando en la calle o en la cama, como me suele pasar, esos momentos que sonrío o lloro de la felicidad de tener a alguien como vos de compañero.
Parafraseando un poco a Carl Sang: en la vastitud del espacio y en la inmensidad del tiempo mi alegría es compartir un planeta y una época con vos. Te amo.

martes, 4 de julio de 2017

querido profesor

Perdón. No pude estudiar porque tuve otro parcial en la primera semana después de entregadas las consignas. En ese parcial me fue mal, entonces me deprimí un poco. Quise terminar de leer todo y leí ''La mendigas del Ponts des Arts'', y me enamoré. La literatura es ese consuelo hermoso que necesitaba, fue un abrazo con palmaditas incluidas, puesto que el libro abordaba el feminismo muy bien para ser del mil ochocientos y pico. Pero como todo no es hermoso en la vida, tuve que leer crítica. O tuve que martirizarme sabiendo que tenía que leer crítica porque no terminé ningún texto, disculpe la sinceridad. 
La primer consigna, mal que mal, está a medias, y podría terminarla en unas horas. La segunda... se complica. Quiero hablar de la crisis del lenguaje pero no encuentro muy bien a partir de qué hacerlo. La crisis del lenguaje atraviesa mi vida. Eso y la infinitud del mundo. Ahora imagínese, una adolescente traumada por el poder que tiene el lenguaje de articular lo que nosotros percibimos, y luego, súmele un terror inconcebible por la infinitud del mundo y lo efímero de la vida.
No sólo no somos nada en comparación de la inmensidad del universo, lo cual es la parte menos peor, profesor, sino que algún día vamos a morir y yo tuve que exigirme leer crítica literaria para entregar un parcial en fecha para absolutamente nada. Porque, se lo reitero, vamos a morir. Y entonces ¿qué sentido tuvo esto? ¿Para qué me esforcé en hablar de una buena hipótesis acerca de los puntos de acercamiento y de alejamiento entre los cuentos maravillosos de los hermanos Grimm y las novelas cortas de Eichendorff y Hofmannsthal?
¿Para qué intenté argumentar con múltiples palabras asociadas a un discurso universitario si usted y yo sabemos muy bien que el lenguaje es una reducción?
Disculpe, profesor, no pude estudiar.

jueves, 25 de mayo de 2017

tu carita al otro lado del vidrio

La frustración de un parcial mal hecho. La voz autodestructiva que me golpea con un ''no lograste lo que te propusiste''. Un pseudofracaso que duele un poco. Y tu carita al otro lado del vidrio. Esa carita que me dice sin hablar que estuviste ahí, esperándome, y no porque sí, sino porque me querés. Y si yo te quiero y vos me querés a mí tal y como me lo dijo tu carita atrás del vidrio, ¿hay lugar para la frustración, la autodestrucción y los fracasos? Mi corazón desinflado se infla. Y salgo un poco triste pero consciente de que estás ahí, ahora tu carita habla. Sí, me fue mal, pero ahora estás vos diciéndome de alguna manera que hay solución para todo y entonces todo marcha bien, Milhouse.

domingo, 5 de febrero de 2017

algo

Que me crezca el pelo. Precisamente el flequillo. O quizás no. Mejor, que no me bardeen por mis formas. Por mi timidez o por no ser como ellos. Que no me obliguen a serlo.
O... tal vez leer más, usar menos el celular. Que me guste mucho el té y tomar unos pares al día, dejar el café. Que a mi gata se le dé por hacerme masajes en la espalda.
Algo, no sé qué, promocionar una materia, leer a Borges, ver una vez más esa entrevista tan famosa de Cortázar.
Saber lo que quiero.
Eso que no sé qué es, eso pequeño, lo que me hinche al fin el espíritu.

jueves, 2 de febrero de 2017

esa cintura es inmortal
esas caderas no perecen
quedabas esperando 
ecos que no volverán
flotando entre rechazos
del mismo dolor
vendrá un nuevo amanecer

Cerati.

sábado, 17 de diciembre de 2016

realismo mágico de poco valor.

Te pedí que no digas giladas y las dije yo.
Me jacto de ser clara, pero soy bien oscura. Y para tu sorpresa: yo también cambio de opinión.

Soy caprichosa. Creo que varios de tus sincericidios azucarados terminaron por comprar en cuotas esa habitación sensible y, si querés, tierna que tengo aunque no me agrade. Y pensé que me gustabas. Y es todo una gilada (igual, capaz que no).
Olvidé el factor de que tu cabeza también es una anarquía, y que lo que pensaste ayer de mí, podés no pensarlo hoy. Y mi capricho se encapricha y le resulta intolerable. Y si no me querés así, como ayer, entonces mejor no me quieras, y entonces mejor no te quiero, porque si nos ponemos a hilar filo: te quiero también por cómo me quisiste ayer.
Y sí, yo te dije que esto se volvió un loop, un te quiero eterno, la intención de decir lo que ya sabemos (o no): que nos queremos. Y a mí qué me importa que nos digamos que nos queremos si alguna vez te comenté que el lenguaje es una reducción y que dice sin decir nada.
¿Y para qué escribo si el lenguaje es una reducción y no dice nada?
Y ahora, en realidad, ¿te dije algo?